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Martes 20 Noviembre 2018 09:12 hrs

SHAKESPEARITO, CHEKSPIRITO, CHESPIRITO...

| 14:12 - 28 Noviembre 2014

Entrevistar a Roberto Gómez Bolaños no fue tan difícil como lograr que me publicaran la entrevista en La Jornada, un periódico que hace dos décadas estaba cerrado a las figuras televisivas.

 

A su vez, que Gómez Bolaños concediera la entrevista a un medio que cuando se ocupaba de él (muy ocasionalmente) era para golpearlo, tampoco parecía empresa fácil pero hasta cierto punto lo fue.

 

Se trataba de una estrella de grandes dimensiones, para entonces ya una leyenda viviente de la televisión, pero debo decir que la barrera infranqueable no era él, sino su esposa, Florinda Meza, una mujer de trato despótico que dictaba órdenes en sus ires y venires tras las bambalinas del teatro donde ambos triunfaban con una puesta en escena.

 

Llámele usted suerte de reportero, pero la entrevista se logró aunque luego se mantuvo guardada durante meses en La Jornada. Cuando Braulio Peralta, tras varios años de residir en Europa, asumió la dirección de la sección cultural, lo hizo con nuevos criterios y mayor apertura a temas considerados "frívolos". Nadie habría imaginado entonces que ese periódico llegaría a contar con su propia sección de espectáculos.

 

Rescatamos la entrevista, que forma parte del libro "La muela del juicio", en ocasión del fallecimiento de Roberto Gómez Bolaños, con el recuerdo de su trato amable y considerado (con todo y las irrupciones de doña Florinda), pese a un elemento que estuvo presente siempre y que se revela hasta el final de la charla.

 

***

 

“MIS PROGRAMAS SON PARA

GENTE INTELIGENTE”

 

 

Luis Enrique Ramírez

 
 

 

A esa cara familiar algo le falta: la gorra de El Chavo del 8, las antenitas de vinil de El Chapulín Colorado, la barba a medio crecer de El Chómpiras, la melena blanca de El Doctor Chapatín. Es fácil, sin embargo, identificar el rostro de Roberto Gómez Bolaños cuando se acerca, cordial, y extiende su mano pequeña en el saludo. No se ha hecho esperar, en el Teatro del Centro Libanés, minutos antes de dar una función de 11 y 12. El título alude a la trama de la comedia, pero también al aniversario que ahora celebra el escritor, actor, productor y director: 23 años de transmisión ininterrumpida del programa de televisión que lleva su nombre de cómico, Chespirito.

 

-Ese apodo me lo puso Agustín P. Delgado, el primero que dirigió un libreto hecho por mí. Le gustó mucho, y dijo que era yo muy buen escritor; me empezó a decir Shakespearito, luego se fue castellanizando, Cheskspirito…  Se me quedó Chespirito

 

-¿Y por qué eligió la comedia?

 

-Porque me gustó, porque me sale bien y porque es el género que influye más en la gente. Desde que empezó el teatro ha sido así. Esquilo podía escribir tragedias muy importantes, pero a Plauto le tenían miedo porque, como sucede todavía en la actualidad, cuando algún comediante critica al gobierno tienen mucha fuerza… La tragedia va dirigida a los sentimientos y  la comedia a la inteligencia. Es muy difícil encontrar una persona inteligente que no tenga sentido del humor, y además la inteligencia es imprescindible para la copmedia; el chiste, el doble sentido, aluden al entendimiento…

 

-¿Pero el nivel de la comedia en televisión no es muy elemental?

 

-El mío no… ¿Usted es de La Jornada? Ahí me metieron un palo, no sé quién sería, pero me llegó un recorte de un artículo donde pusieron que “los chespibrutos”… Yo respeto la opinión de todos, pero mi programa está lejísimos de ser simple, al contrario, a quien no le guste es porque no lo entiende, porque es de un nivel intelectual inferior. Se dirige a todo mundo, desde luego no a niños – si lo ven los niños, qué bueno –; hay muchas cosas picantes, eso sí, cuido que no haga daño; y se habla un español mejor que en cualquier otro programa, incluidos los noticiarios y los programas seudoculturales… Claro, esto en México no lo han descubierto, en Sudamérica sí, pero yo alentaría a que la gente viera un programa del Chapulín Colorado  y señalara algún error en el manejo del idioma; puede haber alguno, pero va estar difícil que lo encuentre… Mi programa es muy digno y necesario; el público necesita divertirse tanto como necesita comer y respirar.

 

-¿Usted es más apreciado en Sudamérica que aquí?

 

-Jesucristo lo dijo: nadie es profeta en su tierra… Y no me duele. Mi programa se ha proyectado en 15 países y ahora por Eco  llega a muchos más; en todos ha estado alguna vez en primer lugar de rating, y esto ningún programa gringo lo ha logrado. Yo les gano a todos los gringos… Pero eso aquí no se menciona; llega la noticia y no sale, o la minimizan ¿no? Pero eso, la verdad, ya no me preocupa. Le digo que acabo de leer en La Jornada una crítica muy fea, así peyorativa, insultante…

 

-¿Son frecuentes esas críticas?

 

-Bueno, sucede en México. En otros países… ha habido una, obviamente, pero se da con mucha menor frecuencia… Yo podría contestar, y podría contestar muy bien porque además como humorista tengo ingenio para ser mordaz, pero la mayoría de las veces me abstengo de hacerlo. Cuando uno maneja el humor es mucho más fácil ganar una polémica. Yo no puedo presumir tener una gran cultura ni mucho menos, pero tampoco soy un impreparado, sí tengo una base sólida…

 

-Abandonó la carrera de ingeniería en el segundo año, cuando descubrió su vocación por la comedia. Hijo de un pintor (Francisco Gómez Linares) y de una poeta (Elsa Bolaños), decidió profundizar a través de cursos diversos en el estudio de las letras –la dramaturgia, sobre todo– que le fue inculcado desde niño.

 

-Para escribir comedia hace falta una gran preparación. Sobre todo para hacer un programa como el mío que, repito, es inteligente. Puede no gustarle a alguien, pero decir que es para brutos, que era lo que decía el artículo de su periódico…

 

-A usted le lastima mucho la crítica ¿verdad?

 

-No, no le hago caso. Yo hago caso a la crítica cuando hay un consejo, algo qué seguir, pero un insulto pues… Además de alguien que obviamente no ha visto el programa, porque éste tiene muchas, muchas cosas para gente inteligente, preparada…

 

-Sin embargo, no es la gente inteligente y preparada la que lo ve ¿o sí?

 

-¿Usted ya vio la obra? Si puede quedarse lo invito y verá usted el nivel…

 

-Pero en la televisión…

 

-Es lo mismo. De hecho aquí estoy haciendo un poco El Chómpiras, uno de los personajes que hago en la televisión. Claro, aquí está concentrado y hay una picardía que requirió de mucho ingenio para lograrla. La gente puede verla, puede oírla, vienen niños, vino el regente de la ciudad, el señor Camacho, con sus hijitos… No se ofende a nadie. Y es el mismo autor el que hizo esto que el que hace cine y televisión. Claro, en la televisión no puedo concentrar la calidad cada semana como en una obra de teatro, tendría que durar seis meses para escribir cada programa…

 

-¿Y no considera que, después de 23 años, su concepto humorístico ya se ha desgastado?

 

-No. La de escritor es de las pocas profesiones en que la capacidad no merma con el tiempo, sino al contrario, crece. Yo no me he quedado con un machote, me preocupo por evolucionar. Y hoy, el programa es superiorísimo… No recuerdo quién fue, pero a mí me gustaría que la persona que escribió esa crítica en su periódico viera el programa, o que venga al teatro, o las dos cosas…

 

Florinda Meza irrumpe en el camerino. “¿Ya estás, Roberto?”

 

La obra, que ella produce, está por comenzar. “Pueden continuar durante el intermedio”, dice en el tono autoritario de su popular personaje La Chimoltrufa aunque en nada más se parece a éste. Espigada y elegante, posee una belleza que no se ve en televisión. Quien piense que está para verla un día y  carcajearse toda la quincena, se equivoca.

 

El público, que con su asistencia ha hecho de 11 y 12 “el mayor éxito teatral de todos los tiempos” según dicen los promocionales, interrumpe con aplausos la obra en varias ocasiones animado por los gags de Chespirito. Hay silencio absoluto ante un chiste en que el personaje de Florinda Meza desdeña el lado izquierdo porque “yo no me quiero exponer, con lo devaluada que anda la izquierda”. Al reanudar la entrevista, Gómez Bolaños confirma: “Ahí, casi nadie se ríe”.

 

-¿Por qué?

 

-Es que el público en México conoce tan poco de política… De los países que he recorrido yo, el público menos politizado es el de México; quizás es porque nos han tenido… este… dándonos azúcar… o no sé.

 

-Pero usted dice que su público es inteligente, pensante…

 

-Pero no están empapados de la materia. Son dos cosas diferentes, la inteligencia para captar. Es por falta de instrucción que el público no entiende. No por tonto. El público es inteligente, en promedio es inteligente. Pero es impreparado, o falto de información.

 

-¿Y usted también, como su personaje, evita la izquierda?

 

-Bueno, se han perdido las acepciones de los términos izquierda y derecha, pero si entendemos por izquierda la renovación, el cambio, pues entonces soy de izquierda yo… Tampoco creo que sea un pecado enorme la reacción, digamos. ¿Cuál es la reacción? En Europa del Este ahora el reacción, digamos. ¿Cuál es la reacción? En Europa del Este ahora el reaccionario es el comunista… El radicalismo no me gusta, eso sí.

 

El grito de “tercera llamada” pone fin abruptamente a la entrevista que ahora ha debido durar breves minutos. Gómez Bolaños se despide con la cortesía que mantuvo a lo largo de la conversación, pero antes insiste:

 

“Dígale a quien publicó eso en La Jornada que venga a ver la obra… ¿Usted sabe quién fue? Pregunte entre sus colegas y… ¿No fue usted?...”

 

 

La Jornada, diciembre de 1992

       


Publicado el Viernes, 28 Noviembre 2014 14:12
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